martes, marzo 27

un manantial de agua viva teñido

Andaba

buscando un manantial

De agua viva teñido,

Que alumbrara mi sed de lumbre

Y aplacara el largo camino.

Cuando

Una estrella iluminó mi fatiga

Con un reloj de arena para cortar

Las horas del atenuado día.

Era cálida de corazón.

Pero sus rayos eran fríos

Como un silencio abrasador.

Su luz,

cual luciérnaga escurridiza,

me hacía tambalear

entre las ramas huidas

De un solitario rosal.

Y sus manos encadenadas

a un arco de nubes blancas

Escondían un esclavo aullido

Que me precipitaba

Hasta caer al suelo, aturdido.

Así era mi estrella

Siempre alejándose

Cuando más me acercaba a ella.

De conocerla antes

Encantado estaría.

En el tiempo que brillara esplendorosa

Ante las batallas del día,

Ante la resignación de verse

Envuelta entre gaviotas aburridas.

En aquel tiempo

que enzarzara su luz

al mágico sabor de una alegría.

Y barriera los desvaríos

Dibujando en unas hojas caídas

La espuma suave

del tierno llanto de una niña.

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